- Mi nombre es Alicia, pero...
- ¡Qué nombre más estúpido!- la interrumpió con
impaciencia Humpty Dumpty. - ¿Qué significa?
- ¿Es que un nombre tiene que significar algo?-
preguntó Alicia tímidamente.
- ¡Claro que sí!- dijo con una risita seca Humpty
Dumpty-. Mi nombre significa exactamente la forma que tengo (una forma, por
cierto, muy hermosa). Tú en cambio, con un nombre así, podrías tener cualquier
forma.
En la secuela A través del espejo y lo que Alicia
encontró allí Carroll continúa con sus exploraciones, que incluyen algunas
incursiones juguetonas sobre la naturaleza del discurso.
Todo comienza cuando en el primer capítulo Alicia
lee un poema llamado el Jabberwocky.
Brillaba, brumeando negro, el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba.
"Parece muy bonito", dice Alicia cuando
lo termina. "¡Pero es tan difícil de entender!".
Alicia se rasca la cabeza con el dedo: el poema
apela de alguna manera a nuestra concepción de la corrección gramatical, pero
las palabras por sí mismas no tienen ningún sentido.
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