miércoles, 8 de abril de 2015

Lewis Carroll

- Mi nombre es Alicia, pero...
- ¡Qué nombre más estúpido!- la interrumpió con impaciencia Humpty Dumpty. - ¿Qué significa?
- ¿Es que un nombre tiene que significar algo?- preguntó Alicia tímidamente.
- ¡Claro que sí!- dijo con una risita seca Humpty Dumpty-. Mi nombre significa exactamente la forma que tengo (una forma, por cierto, muy hermosa). Tú en cambio, con un nombre así, podrías tener cualquier forma.
En la secuela A través del espejo y lo que Alicia encontró allí Carroll continúa con sus exploraciones, que incluyen algunas incursiones juguetonas sobre la naturaleza del discurso.
Todo comienza cuando en el primer capítulo Alicia lee un poema llamado el Jabberwocky.
Brillaba, brumeando negro, el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba.
"Parece muy bonito", dice Alicia cuando lo termina. "¡Pero es tan difícil de entender!".

Alicia se rasca la cabeza con el dedo: el poema apela de alguna manera a nuestra concepción de la corrección gramatical, pero las palabras por sí mismas no tienen ningún sentido.

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