El último Trabajo Práctico se apoyará en las consideraciones llevadas a cabo en el texto "EL PROCESO DE COMUNICACION DE LA REFLEXION TEORICO-TECNICA: PUNTUACIONES EN TORNO AL GENERO ARTICULO ESPECIALIZADO" que figura en este blog y en fotocopiadora.
El cursante seleccionará un escrito realizado previamente, ya sea en su formación de grado o a propósito de una actividad laboral o inquietud personal, a fin de modificarlo en aquellas secciones que considere necesarias para ajustarlo al género artículo especializado.
Podrá entonces reescribirlo parcialmente, agregarle subtítulo o bibliografía, aclarar el planteo o explicitar la conclusión, entre otras modificaciones posibles.
En el Trabajo practico se adjuntará el texto original (texto fuente) elegido para llevar el proceso de ajustarlo al género artículo especializado.
Es importante para la realización de este trabajo, que el cursante someta a consideración su texto respecto de las fases de planificación, revisión y edición explicitadas en "El proceso de comunicación..."
Análisis del Discurso en FADU
miércoles, 6 de mayo de 2015
domingo, 3 de mayo de 2015
En la ARGUMENTACION los análisis filosóficos deben reconsiderarse
Falacias
Una falacia es un razonamiento
defectuoso que, por su fuerza persuasiva, aparenta ser un buen razonamiento
Puede aparecer por error, cuando quien la introduce no advierte que se trata de
un mal razonamiento, o deliberadamente, cuando quien lo emplea confía en la
eficacia del argumento aunque sepa que es falaz.
Sabemos que el poder de persuasión
de las falacias es inmenso, pero su contribución en una investigación es nula,
es necesario trabajar para que se las puedan detectar y así intentar evitarlas.
Insistiremos en que lo que nos
sirve a todos, en la medida en que estamos intentando construir un conocimiento
compartido, es que aportemos los mejores argumentos posibles para sostener las
diferentes posturas que aparezcan y que, de no encontrarlos, es preferible
admitirlo, que defenderlas mediante falacias. I
Incluso si a alguien le parece que una
postura es acertada pero no sabe por qué, el esfuerzo de la comunidad se
concentrara en intentar encontrar las razones y, de no poder hacerlo, no se
rechazara la postura, pero se esperara que en algún momento pueda justificarse.
El trabajo sobre falacias puede
introducirse de un modo "intuitivo", especialmente en el caso de los
niños pequeños, mostrándoles a ellos lo que sucede cuando alguien las emplea
"en contra" de ellos. Muchas falacias dejan la sensación de que
"esa respuesta no vale". En otros casos es necesario que haya un
trabajo más específico, que incluya explicaciones y ejercitación.
sábado, 2 de mayo de 2015
miércoles, 29 de abril de 2015
Trabajo Práctico de cierre
El último Trabajo Práctico se apoyará en las consideraciones llevadas a cabo en el texto "EL PROCESO DE COMUNICACION DE LA REFLEXION TEORICO-TECNICA: PUNTUACIONES EN TORNO AL GENERO ARTICULO
ESPECIALIZADO" que figura en este blog y en fotocopiadora.
El cursante seleccionará un escrito realizado previamente, ya sea en su formación de grado o a propósito de una actividad laboral o inquietud personal, a fin de modificarlo en aquellas secciones que considere necesarias para ajustarlo al género artículo especializado.
Podrá entonces reescribirlo parcialmente, agregarle subtítulo o bibliografía, aclarar el planteo o explicitar la conclusión, entre otras modificaciones posibles.
Es importante para la realización de este trabajo, que el cursante someta a consideración su texto respecto de las fases de planificación, revisión y edición explicitadas en "El proceso de comunicación..."
El cursante seleccionará un escrito realizado previamente, ya sea en su formación de grado o a propósito de una actividad laboral o inquietud personal, a fin de modificarlo en aquellas secciones que considere necesarias para ajustarlo al género artículo especializado.
Podrá entonces reescribirlo parcialmente, agregarle subtítulo o bibliografía, aclarar el planteo o explicitar la conclusión, entre otras modificaciones posibles.
Es importante para la realización de este trabajo, que el cursante someta a consideración su texto respecto de las fases de planificación, revisión y edición explicitadas en "El proceso de comunicación..."
martes, 28 de abril de 2015
Bibliografía miércoles 29
Trabajaremos lo siguiente:
-KLEIN, Irene. El
taller del escritor universitario.
-ALVARADO, Maite; YEANNOTEGUY Alicia. (1999) La escritura y sus
formas discursivas.
miércoles, 22 de abril de 2015
insumos para escribir el ensayo II
Volver al centro
por Fernando Diez
No es un secreto que el centro de Buenos Aires ha venido vaciándose de actividades y vecinos. Muchos recordamos el triste éxodo de los cines, algunos simplemente demolidos, otros humillados, convertidos en vulgares playas de estacionamiento. Así como las sastrerías y zapaterías se fueron desplazando hacia el norte y transformándose en boutiques en los años 70 y luego en maisons en los 90, otra buena parte de los comercios fueron despojados de clientes por los grandes shoppings, abiertos mayoritariamente en barrios alejados o en los suburbios. Languidecieron por un tiempo y luego debieron elegir entre mudarse a esos mismos shoppings o desaparecer para siempre.
Ese éxodo hizo del centro un lugar de menor interés, adonde se acude a trabajar en grandes edificios de oficinas o a realizar trámites en reparticiones del Estado, pero que se abandona por la tarde y se hunde en las sombras y la desolación por la noche. Y aunque el turismo haya revivido muchos locales que durante la crisis permanecieron tapiados, se trata de una tendencia que se manifiesta, persistente, desde hace mucho tiempo y que no promete detenerse.
También las oficinas se desplazaron hacia el norte, en un movimiento que en los últimos años ha llevado algunas sedes corporativas a barrios como Belgrano, Núñez y Vicente López, por no mencionar los aún más radicales desplazamientos a los suburbios, tales los casos de Bayer, Roche y Ford. Incluso las imponentes casas matrices de los bancos comienzan a perder sentido, reemplazadas por infinidad de sucursales electrónicas dispersas por la ciudad.
Ahora que la identidad de los bancos no descansa en la solidez de la arquitectura, sino en la comunicación de la marca y la publicidad en los medios, varias casas matrices no encuentran un destino razonable, a pesar de su magnificencia y ubicación.
Estas y otras situaciones similares hacen que cientos de edificios de gran calidad arquitectónica, que originalmente estaban destinados a oficinas, viviendas o comercios, queden sin destino posible. En lo que se llama el macrocentro, se suman a esta lista viejos, pero nobles edificios industriales o depósitos que tampoco encuentran una nueva función.
Entre los urbanistas es conocido el triste destino de ciudades estadounidenses que en los últimos cincuenta años sufrieron el continuo éxodo de sus pobladores y cuyos centros se convirtieron en zonas exclusivamente de trabajo. Una vez que ese movimiento hubo comenzado, ya no se detuvo hasta vaciar completamente la ciudad, porque se convirtió en un proceso autoalimentado: cuantos más vecinos abandonaban el área central por los suburbios, esas mismas personas volvían todos los días al centro en automóvil, saturando de ruido las calles y produciendo una demanda de estacionamiento que hizo que el destino más rentable de cualquier edificio central, por bueno o elegante que fuera, consistiera en demolerlo y convertirlo en una playa de estacionamiento. Las fotos aéreas de ciudades como Houston o Phoenix muestran esa pesadilla de docenas de manzanas enteras convertidas en los estacionamientos que rodean los racimos de torres de oficinas.
Ese ya ha sido el destino individual de muchos edificios en Buenos Aires, transformados en más rentables playas de estacionamiento. Su pérdida no es sólo la del capital económico de una estructura construida: también la de su arquitectura y un espacio urbano que comienza a deteriorarse a medida que las calles pierden la continuidad de sus fachadas y las actividades que las mantienen vivas.
Ya nos estamos acostumbrando a que enormes edificios céntricos permanezcan tapiados por años esperando un destino que nunca les llega. Sin que nadie se lo propusiera, se han creado las condiciones para su extinción: sus propietarios esperan venderlos a un valor al que nadie quiere comprarlos, pues su elegante arquitectura ya no es funcional a nuevas necesidades y las actuales normas de edificación no permiten reutilizar sus superficies construidas, muchas veces mayores que las ahora permitidas para esas mismas localizaciones. El resultado es una parálisis que no alienta a demolerlos ni a reformarlos.
Las grandes ciudades europeas con importantes patrimonios edilicios han venido ocupándose desde hace años de hacer viables sus edificios viejos, encontrando los caminos para reconvertirlos a nuevas funciones.
Que esto no es algo imposible en Buenos Aires lo demuestra el reciclaje de muchos edificios que, habiendo sido declarados de valor patrimonial, obtuvieron el privilegio de normas especiales y un tratamiento particularizado, lo que permitió su reciclado para nuevos usos. Tal es el caso de fabricas convertidas en residencias, o viejos y espaciosos pisos residenciales convertidos en mayor cantidad de modernos departamentos; edificios de oficinas convertidos en hoteles de turismo y depósitos en comercios o centros culturales, como el edificio del diario La Prensa, que fue convertido en Casa de la Cultura de la Ciudad.
Pero ocurre que la integridad y vitalidad del centro no depende solamente de unos pocos edificios excepcionales, sino de una infinidad de edificios genéricos, muchos de los cuales son de notable calidad arquitectónica y constructiva, esenciales para preservar la memoria urbana en el paisaje de calles y rincones que le dan a Buenos Aires su identidad y carácter. Quizá la creciente afluencia turística sirva para dar utilidad a muchos de estos edificios, pero también para percatarnos de que aquello que los turistas vienen a ver es precisamente lo que el centro está perdiendo, un patrimonio edificado que, en ese sentido, también es un capital económico para la ciudad.
Otras ciudades han movilizado sus fuerzas y reformado su legislación para ayudar a preservar la vida de sus centros urbanos. En São Paulo, el movimiento Viva o Centro promueve acciones de este tipo, y desde Nueva York hasta Chicago, las grandes ciudades americanas que no perdieron sus centros intentan lo mismo: conservar la memoria de la ciudad en sus lugares y edificios notables y, a la vez, mantenerlos vivos, llenos de actividades y vida económica, útiles para la sociedad no solamente como recuerdo, sino también como un hábitat privilegiado.
Nadie promueve voluntariamente la destrucción y el vaciamiento del centro, pero es necesario comprender que si no se toman medidas proactivas para su revitalización y el reciclaje de sus edificios, la mecánica del proceso amenaza con destruirlo. Algunas iniciativas del gobierno de la ciudad marchan en este sentido, pero es preciso que toda la dirigencia política se comprometa en ello y la sociedad tome conciencia de la urgencia de acelerar y multiplicar esos esfuerzos.
Volver a poblar el centro es una buena posibilidad, destrabando el reciclaje de viejos edificios, racionalizando el transporte público, vaciando de autos sus calles y saneando el espacio público. Volver al centro, antes que desaparezca por completo. Algo que no sucederá en un solo día, pero de lo que sólo podríamos percatarnos cuando ya hubiera sucedido. .
El autor es doctor, arquitecto especialista en desarrollo urbano y medio ambiente, profesor en la Universidad de Palermo.insumos para la escritura del ensayo
“La ciudad global está segregada
por clase social”
La urbanista Zaida Muxí cuestiona la división de las ciudades actuales en espacios abandonados y los destinados al turismo. (12 de noviembre de 2005)
“La ciudad global está segregada por clase social y no hay ninguna búsqueda de igualdad, el que pueda pagar se salva y el que no, a la jungla.” Argentina radicada hace ocho años en España, la arquitecta y urbanista Zaida Muxí pasó por Buenos Aires para hablar sobre el uso del espacio público en las ciudades actuales. Criticó la “museificación” de la ciudad, entendida como la puesta a punto de zonas aptas –bellas y seguras– para el consumo de los turistas extranjeros, frente a la “ciudad del abandono, de los que perdieron”. Además, reivindicó la ocupación del espacio público en las protestas: “Hay que respetar cierto orden, pero a los problemas hay que hacerlos evidentes en las calles, si no la gente no los ve”.
Las frases de Muxí son una síntesis de su preocupación por la globalización. Su mirada combina también la sociología y el urbanismo.
Muxí trabaja en el Urban Technology Consulting, cuyo director es el prestigioso urbanista Jordi Borja. En su último libro La arquitectura de la ciudad global, describe los efectos de la globalización en las ciudades contemporáneas, haciendo foco en Buenos Aires.
–Allí habla de macdonalización y disneylandificación de la ciudad, ¿podría explicar estos conceptos?
–No son míos, el de macdonalización es de Jeremy Rifkin y el de disneylandificación es de John Hanningan. Son dos conceptos del mundo empresarial que se transfieren a otros ámbitos. El primero es la apariencia de un espacio agradable, que esconde una programación muy estudiada a gran escala. Yo lo traslado a la manera de ser de la ciudad actual, donde tenemos que ser más consumidores y menos ciudadanos; perder cualquier espíritu crítico frente a la realidad, donde lo único que nos interesa es la diversión. Disneylandificación es parecido. Es un juego pero todo está pautado, como en Disney, donde sus trabajadores no tienen derechos gremiales, no pueden manifestarse, todo está hiperlimpio...
–¿Cómo se aplican a Buenos Aires?
–Cuando empecé llevaba 8 años fuera. Y vista de afuera Buenos Aires era un castillo de cristal, todo era fantástico, era el Primer Mundo... La gente me decía en España “pero si Buenos Aires está súper bien”. Y yo respondía: “No está bien, si miras más allá”. La globalización es una nueva etapa productiva que está marcada por las nuevas tecnologías, por la dispersión en el planeta de la producción, no es como la fábrica fordista donde estaba todo en el mismo sitio, hoy ni se sabe quién es el dueño de nada, se diseñan campañas en un lado, productos en el otro, se envasa en otro y se distribuye de otra manera. Entonces, pensé que esta manera tenía que afectar a las ciudades. La conclusión es que es una ciudad tardo racionalista. La ciudad racionalista es la de entreguerras que intenta responder a los problemas de la ciudad posindustrial, contaminada, con una nueva clase obrera que vive de manera terrible en las ciudades europeas. Se piensa que la manera de solucionar esto es separar la vivienda de las zonas de trabajo y de las zonas de ocio o recreo. La ciudad global vuelve a tomar esos elementos con la diferencia que enmascara estas separaciones, las disfraza de diversidad, está segregada por clase social y no hay ninguna búsqueda de igualdad, el que pueda pagar se salva y el que no, a la jungla.
–¿Hay alguna manera de escapar a las ciudades globales?
–Creo que hay grados. Cuanto más desigual es la sociedad más se nota esta división. Yo diría que no porque no, hay salida sostenible del modelo en que vivimos, así que en algún momento ha de reventar. Pero creo que antes podríamos revertir las ciudades para no llegar a eclosiones graves como hasido aquí en la crisis del 2001 o Los Angeles en los ’90, cuando la gente pobre toma las calles...
–A pocos años de la crisis, en Buenos Aires ya hay zonas como Palermo o Las Cañitas que están como en los ’90...
–Sí, ahora vuelve a ser un sitio muy rentable para la inversión extranjera. Porque así como en el planeta somos un 20 por ciento los que disfrutamos el beneficio de los recursos, en las ciudades se repite el esquema. Siempre habrá un 15 o 20 por ciento que podrá consumir y para ellos se construyen estas escenografías del lujo y de la segregación. Y todo es cada vez más segregado, vigilado, cerrado porque cada vez es más contrastada la diferencia con el otro. Y para el dinero global, que necesita rentabilidad inmediata, la ciudad se convierte en una fuente de garantía de rendimiento. La mayoría de las inversiones en Puerto Madero las hace gente que compra proyectos y antes de que los edificios estén levantados han vendido al doble. Es total especulación.
–¿No se ha aprendido nada de la crisis?
–No se ha replanteado nada.
–Sí hay otro uso del espacio público, el de las marchas.
–Así como el que tiene puede exhibir sus riquezas en la calle, el que no tiene puede exhibir sus pobrezas. El tema es que, como en todas las ciudades, para hacer una marcha hay que pedir permiso. Yo creo que habría que respetar cierto orden, pero me parece que a los problemas hay que hacerlos evidentes en las calles, si no la gente no los ve.
Muxí trabaja en el Urban Technology Consulting, cuyo director es el prestigioso urbanista Jordi Borja. En su último libro La arquitectura de la ciudad global, describe los efectos de la globalización en las ciudades contemporáneas, haciendo foco en Buenos Aires.
–Allí habla de macdonalización y disneylandificación de la ciudad, ¿podría explicar estos conceptos?
–No son míos, el de macdonalización es de Jeremy Rifkin y el de disneylandificación es de John Hanningan. Son dos conceptos del mundo empresarial que se transfieren a otros ámbitos. El primero es la apariencia de un espacio agradable, que esconde una programación muy estudiada a gran escala. Yo lo traslado a la manera de ser de la ciudad actual, donde tenemos que ser más consumidores y menos ciudadanos; perder cualquier espíritu crítico frente a la realidad, donde lo único que nos interesa es la diversión. Disneylandificación es parecido. Es un juego pero todo está pautado, como en Disney, donde sus trabajadores no tienen derechos gremiales, no pueden manifestarse, todo está hiperlimpio...
–¿Cómo se aplican a Buenos Aires?
–Cuando empecé llevaba 8 años fuera. Y vista de afuera Buenos Aires era un castillo de cristal, todo era fantástico, era el Primer Mundo... La gente me decía en España “pero si Buenos Aires está súper bien”. Y yo respondía: “No está bien, si miras más allá”. La globalización es una nueva etapa productiva que está marcada por las nuevas tecnologías, por la dispersión en el planeta de la producción, no es como la fábrica fordista donde estaba todo en el mismo sitio, hoy ni se sabe quién es el dueño de nada, se diseñan campañas en un lado, productos en el otro, se envasa en otro y se distribuye de otra manera. Entonces, pensé que esta manera tenía que afectar a las ciudades. La conclusión es que es una ciudad tardo racionalista. La ciudad racionalista es la de entreguerras que intenta responder a los problemas de la ciudad posindustrial, contaminada, con una nueva clase obrera que vive de manera terrible en las ciudades europeas. Se piensa que la manera de solucionar esto es separar la vivienda de las zonas de trabajo y de las zonas de ocio o recreo. La ciudad global vuelve a tomar esos elementos con la diferencia que enmascara estas separaciones, las disfraza de diversidad, está segregada por clase social y no hay ninguna búsqueda de igualdad, el que pueda pagar se salva y el que no, a la jungla.
–¿Hay alguna manera de escapar a las ciudades globales?
–Creo que hay grados. Cuanto más desigual es la sociedad más se nota esta división. Yo diría que no porque no, hay salida sostenible del modelo en que vivimos, así que en algún momento ha de reventar. Pero creo que antes podríamos revertir las ciudades para no llegar a eclosiones graves como hasido aquí en la crisis del 2001 o Los Angeles en los ’90, cuando la gente pobre toma las calles...
–A pocos años de la crisis, en Buenos Aires ya hay zonas como Palermo o Las Cañitas que están como en los ’90...
–Sí, ahora vuelve a ser un sitio muy rentable para la inversión extranjera. Porque así como en el planeta somos un 20 por ciento los que disfrutamos el beneficio de los recursos, en las ciudades se repite el esquema. Siempre habrá un 15 o 20 por ciento que podrá consumir y para ellos se construyen estas escenografías del lujo y de la segregación. Y todo es cada vez más segregado, vigilado, cerrado porque cada vez es más contrastada la diferencia con el otro. Y para el dinero global, que necesita rentabilidad inmediata, la ciudad se convierte en una fuente de garantía de rendimiento. La mayoría de las inversiones en Puerto Madero las hace gente que compra proyectos y antes de que los edificios estén levantados han vendido al doble. Es total especulación.
–¿No se ha aprendido nada de la crisis?
–No se ha replanteado nada.
–Sí hay otro uso del espacio público, el de las marchas.
–Así como el que tiene puede exhibir sus riquezas en la calle, el que no tiene puede exhibir sus pobrezas. El tema es que, como en todas las ciudades, para hacer una marcha hay que pedir permiso. Yo creo que habría que respetar cierto orden, pero me parece que a los problemas hay que hacerlos evidentes en las calles, si no la gente no los ve.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
