miércoles, 29 de abril de 2015

Trabajo Práctico de cierre

El último Trabajo Práctico se apoyará en las consideraciones llevadas a cabo en el texto "EL PROCESO DE COMUNICACION DE LA REFLEXION TEORICO-TECNICA: PUNTUACIONES EN TORNO AL GENERO ARTICULO ESPECIALIZADO" que figura en este blog y en fotocopiadora.

El cursante seleccionará un escrito realizado previamente, ya sea en su formación de grado o a propósito de una actividad laboral o inquietud personal, a fin de modificarlo en aquellas secciones que considere necesarias para ajustarlo al género artículo especializado

Podrá entonces reescribirlo parcialmente, agregarle subtítulo o bibliografía, aclarar el planteo o explicitar la conclusión, entre otras modificaciones posibles.

Es importante para la realización de este trabajo, que el cursante someta a consideración su texto respecto de las fases de planificación, revisión y edición explicitadas en "El proceso de comunicación..."

martes, 28 de abril de 2015

Bibliografía miércoles 29

Trabajaremos lo siguiente:

-KLEIN, Irene. El taller del escritor universitario. 
-ALVARADO, Maite;  YEANNOTEGUY Alicia. (1999) La escritura y sus formas discursivas. 

miércoles, 22 de abril de 2015

insumos para escribir el ensayo II

Volver al centro

por Fernando Diez
 noviembre de 2005
No es un secreto que el centro de Buenos Aires ha venido vaciándose de actividades y vecinos. Muchos recordamos el triste éxodo de los cines, algunos simplemente demolidos, otros humillados, convertidos en vulgares playas de estacionamiento. Así como las sastrerías y zapaterías se fueron desplazando hacia el norte y transformándose en boutiques en los años 70 y luego en maisons en los 90, otra buena parte de los comercios fueron despojados de clientes por los grandes shoppings, abiertos mayoritariamente en barrios alejados o en los suburbios. Languidecieron por un tiempo y luego debieron elegir entre mudarse a esos mismos shoppings o desaparecer para siempre.
Ese éxodo hizo del centro un lugar de menor interés, adonde se acude a trabajar en grandes edificios de oficinas o a realizar trámites en reparticiones del Estado, pero que se abandona por la tarde y se hunde en las sombras y la desolación por la noche. Y aunque el turismo haya revivido muchos locales que durante la crisis permanecieron tapiados, se trata de una tendencia que se manifiesta, persistente, desde hace mucho tiempo y que no promete detenerse.
También las oficinas se desplazaron hacia el norte, en un movimiento que en los últimos años ha llevado algunas sedes corporativas a barrios como Belgrano, Núñez y Vicente López, por no mencionar los aún más radicales desplazamientos a los suburbios, tales los casos de Bayer, Roche y Ford. Incluso las imponentes casas matrices de los bancos comienzan a perder sentido, reemplazadas por infinidad de sucursales electrónicas dispersas por la ciudad.
Ahora que la identidad de los bancos no descansa en la solidez de la arquitectura, sino en la comunicación de la marca y la publicidad en los medios, varias casas matrices no encuentran un destino razonable, a pesar de su magnificencia y ubicación.
Estas y otras situaciones similares hacen que cientos de edificios de gran calidad arquitectónica, que originalmente estaban destinados a oficinas, viviendas o comercios, queden sin destino posible. En lo que se llama el macrocentro, se suman a esta lista viejos, pero nobles edificios industriales o depósitos que tampoco encuentran una nueva función.
Entre los urbanistas es conocido el triste destino de ciudades estadounidenses que en los últimos cincuenta años sufrieron el continuo éxodo de sus pobladores y cuyos centros se convirtieron en zonas exclusivamente de trabajo. Una vez que ese movimiento hubo comenzado, ya no se detuvo hasta vaciar completamente la ciudad, porque se convirtió en un proceso autoalimentado: cuantos más vecinos abandonaban el área central por los suburbios, esas mismas personas volvían todos los días al centro en automóvil, saturando de ruido las calles y produciendo una demanda de estacionamiento que hizo que el destino más rentable de cualquier edificio central, por bueno o elegante que fuera, consistiera en demolerlo y convertirlo en una playa de estacionamiento. Las fotos aéreas de ciudades como Houston o Phoenix muestran esa pesadilla de docenas de manzanas enteras convertidas en los estacionamientos que rodean los racimos de torres de oficinas.
Ese ya ha sido el destino individual de muchos edificios en Buenos Aires, transformados en más rentables playas de estacionamiento. Su pérdida no es sólo la del capital económico de una estructura construida: también la de su arquitectura y un espacio urbano que comienza a deteriorarse a medida que las calles pierden la continuidad de sus fachadas y las actividades que las mantienen vivas.
Ya nos estamos acostumbrando a que enormes edificios céntricos permanezcan tapiados por años esperando un destino que nunca les llega. Sin que nadie se lo propusiera, se han creado las condiciones para su extinción: sus propietarios esperan venderlos a un valor al que nadie quiere comprarlos, pues su elegante arquitectura ya no es funcional a nuevas necesidades y las actuales normas de edificación no permiten reutilizar sus superficies construidas, muchas veces mayores que las ahora permitidas para esas mismas localizaciones. El resultado es una parálisis que no alienta a demolerlos ni a reformarlos.
Las grandes ciudades europeas con importantes patrimonios edilicios han venido ocupándose desde hace años de hacer viables sus edificios viejos, encontrando los caminos para reconvertirlos a nuevas funciones.
Que esto no es algo imposible en Buenos Aires lo demuestra el reciclaje de muchos edificios que, habiendo sido declarados de valor patrimonial, obtuvieron el privilegio de normas especiales y un tratamiento particularizado, lo que permitió su reciclado para nuevos usos. Tal es el caso de fabricas convertidas en residencias, o viejos y espaciosos pisos residenciales convertidos en mayor cantidad de modernos departamentos; edificios de oficinas convertidos en hoteles de turismo y depósitos en comercios o centros culturales, como el edificio del diario La Prensa, que fue convertido en Casa de la Cultura de la Ciudad.
Pero ocurre que la integridad y vitalidad del centro no depende solamente de unos pocos edificios excepcionales, sino de una infinidad de edificios genéricos, muchos de los cuales son de notable calidad arquitectónica y constructiva, esenciales para preservar la memoria urbana en el paisaje de calles y rincones que le dan a Buenos Aires su identidad y carácter. Quizá la creciente afluencia turística sirva para dar utilidad a muchos de estos edificios, pero también para percatarnos de que aquello que los turistas vienen a ver es precisamente lo que el centro está perdiendo, un patrimonio edificado que, en ese sentido, también es un capital económico para la ciudad.
Otras ciudades han movilizado sus fuerzas y reformado su legislación para ayudar a preservar la vida de sus centros urbanos. En São Paulo, el movimiento Viva o Centro promueve acciones de este tipo, y desde Nueva York hasta Chicago, las grandes ciudades americanas que no perdieron sus centros intentan lo mismo: conservar la memoria de la ciudad en sus lugares y edificios notables y, a la vez, mantenerlos vivos, llenos de actividades y vida económica, útiles para la sociedad no solamente como recuerdo, sino también como un hábitat privilegiado.
Nadie promueve voluntariamente la destrucción y el vaciamiento del centro, pero es necesario comprender que si no se toman medidas proactivas para su revitalización y el reciclaje de sus edificios, la mecánica del proceso amenaza con destruirlo. Algunas iniciativas del gobierno de la ciudad marchan en este sentido, pero es preciso que toda la dirigencia política se comprometa en ello y la sociedad tome conciencia de la urgencia de acelerar y multiplicar esos esfuerzos.
Volver a poblar el centro es una buena posibilidad, destrabando el reciclaje de viejos edificios, racionalizando el transporte público, vaciando de autos sus calles y saneando el espacio público. Volver al centro, antes que desaparezca por completo. Algo que no sucederá en un solo día, pero de lo que sólo podríamos percatarnos cuando ya hubiera sucedido. .
El autor es doctor, arquitecto especialista en desarrollo urbano y medio ambiente, profesor en la Universidad de Palermo.

insumos para la escritura del ensayo

“La ciudad global está segregada 

por clase social”

La urbanista Zaida Muxí cuestiona la división de las ciudades actuales en espacios abandonados y los destinados al turismo. (12 de noviembre de 2005)



“La ciudad global está segregada por clase social y no hay ninguna búsqueda de igualdad, el que pueda pagar se salva y el que no, a la jungla.” Argentina radicada hace ocho años en España, la arquitecta y urbanista Zaida Muxí pasó por Buenos Aires para hablar sobre el uso del espacio público en las ciudades actuales. Criticó la “museificación” de la ciudad, entendida como la puesta a punto de zonas aptas –bellas y seguras– para el consumo de los turistas extranjeros, frente a la “ciudad del abandono, de los que perdieron”. Además, reivindicó la ocupación del espacio público en las protestas: “Hay que respetar cierto orden, pero a los problemas hay que hacerlos evidentes en las calles, si no la gente no los ve”.
Las frases de Muxí son una síntesis de su preocupación por la globalización. Su mirada combina también la sociología y el urbanismo.
Muxí trabaja en el Urban Technology Consulting, cuyo director es el prestigioso urbanista Jordi Borja. En su último libro La arquitectura de la ciudad global, describe los efectos de la globalización en las ciudades contemporáneas, haciendo foco en Buenos Aires.
–Allí habla de macdonalización y disneylandificación de la ciudad, ¿podría explicar estos conceptos?
–No son míos, el de macdonalización es de Jeremy Rifkin y el de disneylandificación es de John Hanningan. Son dos conceptos del mundo empresarial que se transfieren a otros ámbitos. El primero es la apariencia de un espacio agradable, que esconde una programación muy estudiada a gran escala. Yo lo traslado a la manera de ser de la ciudad actual, donde tenemos que ser más consumidores y menos ciudadanos; perder cualquier espíritu crítico frente a la realidad, donde lo único que nos interesa es la diversión. Disneylandificación es parecido. Es un juego pero todo está pautado, como en Disney, donde sus trabajadores no tienen derechos gremiales, no pueden manifestarse, todo está hiperlimpio...
–¿Cómo se aplican a Buenos Aires?
–Cuando empecé llevaba 8 años fuera. Y vista de afuera Buenos Aires era un castillo de cristal, todo era fantástico, era el Primer Mundo... La gente me decía en España “pero si Buenos Aires está súper bien”. Y yo respondía: “No está bien, si miras más allá”. La globalización es una nueva etapa productiva que está marcada por las nuevas tecnologías, por la dispersión en el planeta de la producción, no es como la fábrica fordista donde estaba todo en el mismo sitio, hoy ni se sabe quién es el dueño de nada, se diseñan campañas en un lado, productos en el otro, se envasa en otro y se distribuye de otra manera. Entonces, pensé que esta manera tenía que afectar a las ciudades. La conclusión es que es una ciudad tardo racionalista. La ciudad racionalista es la de entreguerras que intenta responder a los problemas de la ciudad posindustrial, contaminada, con una nueva clase obrera que vive de manera terrible en las ciudades europeas. Se piensa que la manera de solucionar esto es separar la vivienda de las zonas de trabajo y de las zonas de ocio o recreo. La ciudad global vuelve a tomar esos elementos con la diferencia que enmascara estas separaciones, las disfraza de diversidad, está segregada por clase social y no hay ninguna búsqueda de igualdad, el que pueda pagar se salva y el que no, a la jungla.
–¿Hay alguna manera de escapar a las ciudades globales?
–Creo que hay grados. Cuanto más desigual es la sociedad más se nota esta división. Yo diría que no porque no, hay salida sostenible del modelo en que vivimos, así que en algún momento ha de reventar. Pero creo que antes podríamos revertir las ciudades para no llegar a eclosiones graves como hasido aquí en la crisis del 2001 o Los Angeles en los ’90, cuando la gente pobre toma las calles...
–A pocos años de la crisis, en Buenos Aires ya hay zonas como Palermo o Las Cañitas que están como en los ’90...
–Sí, ahora vuelve a ser un sitio muy rentable para la inversión extranjera. Porque así como en el planeta somos un 20 por ciento los que disfrutamos el beneficio de los recursos, en las ciudades se repite el esquema. Siempre habrá un 15 o 20 por ciento que podrá consumir y para ellos se construyen estas escenografías del lujo y de la segregación. Y todo es cada vez más segregado, vigilado, cerrado porque cada vez es más contrastada la diferencia con el otro. Y para el dinero global, que necesita rentabilidad inmediata, la ciudad se convierte en una fuente de garantía de rendimiento. La mayoría de las inversiones en Puerto Madero las hace gente que compra proyectos y antes de que los edificios estén levantados han vendido al doble. Es total especulación.
–¿No se ha aprendido nada de la crisis?
–No se ha replanteado nada.
–Sí hay otro uso del espacio público, el de las marchas.
–Así como el que tiene puede exhibir sus riquezas en la calle, el que no tiene puede exhibir sus pobrezas. El tema es que, como en todas las ciudades, para hacer una marcha hay que pedir permiso. Yo creo que habría que respetar cierto orden, pero me parece que a los problemas hay que hacerlos evidentes en las calles, si no la gente no los ve.

Trabajo Práctico Nro. 3

A partir de la lectura y el análisis de "AMAYA, Oscar. De la necesaria relación entre escribir el pensamiento y pensar la escritura", establecer la distinción y relaciones entre estas dos dimensiones:

-escribir el pensamiento (tecnología para pensar)

-pensar la escritura (subjetividad implicada que singulariza su uso)

a través del desarrollo de un (opcional) esquema/gráfico/cuadro/grilla conceptual (puede utilizarse el esquema de las "dos esferas" planteadas en el pizarrón el pasado miércoles) que muestre los dos polos del continuo entre ambas dimensiones, caracterizando los componentes de cada una de ellas.

El T.P. puede ser presentado en forma manuscrita, con letra clara. Se sugiere la hoja apaisada, a fin de desplegar distinciones y relaciones.
 

sábado, 18 de abril de 2015

“la ciudad es un libro para leer, el paseante es el lector. Puede empezar en cualquier página, ir y volver en el tiempo y el espacio. Puede que el libro tenga un comienzo, pero aún falta mucho para su final.”


Cees Noteboom

viernes, 17 de abril de 2015

GENERO DISCURSIVO "ARTICULO ESPECIALIZADO"

EL PROCESO DE COMUNICACION DE LA REFLEXION
TEORICO-TECNICA: PUNTUACIONES EN
TORNO AL GENERO ARTICULO ESPECIALIZADO


Oscar D. Amaya


Un texto especializado constituye una comunicación escrita de uno o varios especialistas acerca de un tema reconocible y definido, respecto de saberes y prácticas disciplinares que implica algunas de las actividades que los miembros de una comunidad científica llevan a cabo: exposición, profundización, revisión y análisis crítico de estos saberes y prácticas, con el propósito de dar a conocer reflexiones que aún no han sido efectuadas o bien ópticas diferentes a las que ya han sido difundidas. Para ser considerado como tal, el texto científico debe resistir al examen crítico de otros especialistas, a través de la examinación de las fundamentaciones y resultados o interpretaciones propuestas, del cuestionamiento de la exactitud de los datos y de la corroboración de citas u otros elementos de juicio. Esto sólo es posible si el autor demuestra dominio y profundidad en el tratamiento de los temas abordados, pero además una clara organización del contenido expuesto, así como una redacción y presentación formal que respete las reglas del género científico que el especialista haya elegido para comunicar su producción.

En tanto un tipo particular de texto especializado, el artículo científico constituye una comunicación por escrito respecto de las reflexiones teóricas y/o resultados de investigaciones clínicas al que han arribado uno o varios autores en relación a un campo problemático específico, en este caso los aprendizajes y sus diversos grados de dificultad. Este tipo de comunicación debe alcanzar los requisitos de claridad, concisión relativa al tipo de publicación y resultar fidedigna, en tanto que las interpretaciones y resultados expuestos deben plantearse como provisorios y sujetos a revisión.

El género artículo puede integrar diversas publicaciones tanto especializadas como de difusión. Si se trata de un libro, por ejemplo, comprenderá un conjunto de artículos científicos que se constituirán en secciones compuestas por capítulos; se trata de macro-texto que proporciona saberes especializados correspondientes a un campo problemático complejo y específico, elaborado por especialistas como un recurso dirigido tanto a destinatarios concretos y conocidos, como a destinatarios generales e incluso no previstos.

La estructura general del artículo responde a la superestructura característica de todo texto científico (van Dijk, 1989), es decir, planteo del problema-desarrollo-conclusiones. Se trata de una estructura lógica que permite explicitar de qué se trata el objeto de conocimiento, la forma en que se lo aborda y qué punto de vista establece el autor en relación a él. Es por ello que la elaboración de un artículo científico emprende la tarea de “convencer a un lector de la corrección o verdad de la aseveración aduciendo suposiciones que la confirmen y la hagan posible (...) la argumentación científica se dedica a una relación de probabilidad y credibilidad entre hipótesis y conclusión” (van Dijk, ob.cit.)

Las fases del proceso de escritura del género artículo no difieren de las de todo texto científico:

a)   Planificación: en la que el autor realiza esquemas, toma notas, piensa qué y cómo se va a organizar el escrito en sus partes constituyentes, se representa el tipo de destinatario al que irá dirigido su texto, identifica los objetivos del mismo y debe alcanzar su producción, los aspectos gramaticales y normativas ortográficas. Asimismo debe tener en cuenta el proceso de redacción recursivo, que no es lineal, por lo que debe releer con cuidado el texto a medida que avanza en su escritura, revisarlo y corregirlo durante el proceso de elaboración.
b)     Revisión: en esta fase es muy importante intensificar los distintos tipo de revisión, es decir, las dimensiones de los contenidos (organización interna y coherencia), gramatical, normativa y formal.
c)     Edición: el autor debe observar los formatos, diseño de página y normas de citas bibliográficas requeridos para la publicación del artículo. Se trata de llevar a cabo una adecuación al estilo de presentación fijado por la institución o editorial para la presentación de los textos científicos.
   
Resulta necesario detenerse en la fase c) puesto que de ella depende, en buena parte, la posibilidad de que el género capítulo adquiera el estatuto de tal, lo que significa que al igual que la planificación, constituyen operaciones esenciales de la escritura científica. La posibilidad de que el autor “tome distancia” respecto de su propio texto, para que pueda leerlo como si él no fuera su autor, permite revisarlo con le propósito de realizar las modificaciones que considere necesarios. Las siguientes preguntas pueden colaborar para llevar a cabo esta fase:

  1. ¿Considera que el artículo producido constituye un texto coherente? (ver más abajo)
  2. ¿Al exponer el marco teórico, cree que el futuro lector puede entender cuál es su posición en el artículo? ¿Se encuentran resumidas las ideas fundamentales, se las reformula sin distorsionarlas?
  3. ¿Considera que el texto presenta redundancias, es decir, se repite información innecesariamente o imprecisiones, es decir, no se aporta la información necesaria para comprender determinadas argumentaciones?
  4. ¿La información o el desarrollo conceptual está organizado en párrafos que se conectan entre sí? ¿Cómo contribuyen los conectores en ello?
  5. Cuando se integran otras voces o enunciados ¿de qué manera se lo hace (estilo directo, estilo indirecto, citas mixtas, paráfrasis, alusiones)? ¿Qué efecto se busca lograr?
  6. ¿Se incluyen subtítulos que ordenan la información, el desarrollo del marco teórico, la exposición de argumentos, etc.?
  7. ¿El texto presenta saltos temáticos? ¿están anunciados a través de enunciados anticipatorios o introductorios?
  8. ¿Se estructura el texto de modo tal de proponer al lector un recorrido explicativo-argumentativo?
  9. ¿La conclusión a la que arriba el artículo deriva de manera lógica del recorrido previo?

Respecto de la coherencia que debe alcanzar todo texto a la que se hace referencia en la pregunta 1, se trata de observar que en el proceso de textualización cumple una función textual crucial: es preciso entonces, que el autor examine durante la fase de revisión a la coherencia, que regula la conectividad del sentido subyacente, así como la cohesión, que actúa en la superficie textual. La coherencia es una propiedad estructurante de los textos en donde las proposiciones aparecen relacionadas por un tema común o macroestructura, lo que constituye una unidad semántica. En tanto que puede definirse a la cohesión como una de las más importantes manifestaciones de la coherencia, identificable a partir de elementos lingüísticos visibles y materiales, que señalizan tanto la organización interna del texto como el hilo temático, orientando así su interpretación. Es por ello que la utilización inadecuada de las relaciones cohesivas obstaculiza e incluso puede impedir la recepción del texto como una verdadera unidad de significado.

Los enunciados de un texto se vinculan a través de recursos léxicos y procedimientos que explicitan las relaciones gramaticales de tipo sintáctico existentes entre los enunciados. La cohesión léxica se manifiesta partir de la repetición de palabras y expresiones idénticas, la sustitución y la co-ocurrencia de un conjunto de términos que responden al mismo campo semántico. Estas palabras y expresiones ofrecen al lector indicios claros con respecto al tema y facilitan su retención en la memoria a corto plazo, cuando el fragmento leído posee cierta extensión.

A fin de articular los contenidos del artículo, el autor puede disponer de un conjunto de recursos de cohesión léxica. A título de ejemplo pueden mencionarse dos de ellos:

 -repetición del referente o de una palabra derivada:
la repetición estratégica de un término permite orientar la lectura puntualizando al lector el tema de estudio elegido a través de los párrafos. Su empleo debe ser mesurado a fin de favorecer la coherencia discursiva, evitando un uso abusivo que obstaculice la informatividad del texto, a fin de que la repetición de una palabra no implique además la reiteración innecesaria de un contenido explicitado anteriormente.

 -sustitución:
este recurso consiste en el reemplazo de un término o expresión por otras que refieren en el texto al mismo contenido y cumplen la misma función sintáctica. La sustitución puede llevarse a cabo a través de sinónimos o palabras de significado equivalente, hipónimos (palabras que se refieren a elementos incluidos en un conjunto, por ejemplo, Bach, Mozart, Beethoven son hipónimos de compositor), hiperónimos (designan una clase o conjunto, por ejemplo país es hiperónimo del conjunto que integran España, Perú, Canadá, etc.), antónimos o palabras generales que reemplazan a otras más específicas.


La forma estilística prototípica del artículo científico es la analítica, que se caracteriza por poseer estructuras oracionales largas del tipo de oración simple bimembre (con sujeto y predicado), simples incluyentes o incrustadas (que tienen proposiciones incluidas) y complejas (que están compuestas por proposiciones relacionadas por marcadores textuales o conectores). Esto permite la inclusión de información de primer nivel o focalizada y de segundo nivel o periférica expandida y relacionada a través de conectores. Un ejemplo de este estilo es el siguiente:

"Es relevante mencionar que al posicionarse desde una perspectiva cualitativa, la clínica psicológica o psicopedagógica no sólo concibe la singularidad subjetiva del paciente, sino que toma en cuenta los múltiples contextos en que éste se desempeña, por lo que se desprende una concepción del aprendizaje como fenómeno plural y no subsumido únicamente al aprendizaje escolar."

Sin embargo, los párrafos no deben ser excesivamente largos, pues se corre el riesgo de que la idea principal se pierda y el lector no interprete, al finalizar éste, de que se está discurriendo. Resulta preciso entonces, buscar un equilibrio en la construcción de los enunciados de manera tal que engloben las ideas y gradúen la presentación de la información.

Respecto de la construcción de las referencias bibliográficas, es sabido que el modo de consignarlas varía según se trate de libros, artículos de libros, publicaciones periódicas y colectivas, recopilación de autores varios e incluso documentos electrónicos, entre otras referencias. Para la publicación de un libro, los diversos capítulos deben observar una normativa común para referenciar los desarrollos llevados a cabo. Se detallan a continuación las más usuales:

a)      Libros
1. apellido y nombre del autor o autores o compilador/editor. 2. año de edición (entre paréntesis). Si no figura el dato se escribe s/d (sine data). 3. título del libro y subtítulo (en bastardilla).  4. lugar de edición. Si en el libro no figura, se escribe s/l (sin lugar). 5. editorial. Si no se la menciona, se indica s/r (sin referencias). 6. cantidad de volúmenes, cuando se quiera citar el texto en su conjunto. En caso de que se trate de más de uno y se quiera citar sólo uno de ellos, se expresará la abreviatura Vol. Seguida del número que corresponda, a continuación del título y subtítulo.
Ejemplo: Paz, Octavio (1993), La llama doble. Amor y erotismo, Barcelona, Seix Barral.

b)      capítulos/artículos en libros
1.    apellido y nombre del autor/ autores o compilador/editor. 2. año de edición. 3. título del artículo (entre comillas). 4. título del libro (en bastardilla). 5. lugar de edición. 6. editorial.
Ejemplo: Didi-Huberman, Georges (1997), “La dialéctica de lo visual, o el juego del vaciamiento”, en  Lo que vemos, lo que nos mira. Buenos Aires, ediciones Manantial.
 
c)      artículos en publicaciones periódicas (revistas, diarios)
1. apellido y nombre del autor. 2. año de edición. 3. título del artículo (entre comillas). 4. nombre de la revista o el diario (en bastardilla). 5. número del ejemplar. 6. ciudad de edición. 7. mes y año. 8. páginas en las que se figura el artículo.
Ejemplo: Maggio Ramírez, Matías (2007) “Nalgas sangrantes. Un boceto a mano alzada acerca de los problemas de hacer buena letra en la Buenos Aires colonial”, en Páginas de Guarda, nro. 4, Buenos Aires, primavera de 2007, pp. 107-114.

d)     artículos en publicaciones colectivas
1. apellido y nombre del autor. 2. título del artículo (entre comillas). 3. en nombre y apellido del editor/coordinador del libro. 4. año de publicación. 5. título del libro (en bastardilla). 6. lugar de edición. 7. editorial. 8. número de páginas.
Ejemplo: Kowalski, Kazimierz, “Pautas de extinción de los mamíferos durante el Cuaternario”, en Agustí, Jordi (editor) (1996), La lógica de las extinciones, Barcelona, Tusquets eds., pp. 193-216.

e)      recopilaciones de artículos de diversos autores
1. AA.VV. 2. fecha de publicación. 3. título y subtítulo de la recopilación. 3. colección y número del volumen en esa colección (si lo hubiere). 4. nombre y apellido del editor/compilador (si lo hubiere). 5. lugar de edición. 6. editorial.     
Ejemplo: AA.VV. (1986) Dificultades en el aprendizaje escolar. Aportes para una discusión integral, Buenos Aires, Miño y Dávila editores.

f)       páginas y documentos electrónicos
1. responsable principal (autor/es o institución) 2. título y subtítulo (en bastardilla). 3. tipo o medio de soporte. 4. lugar de publicación. 5. editorial (si lo hubiere). 6. fecha de publicación. 7. fecha de cita. .ere  lección (si lo hubiere). 8. disponibilidad y acceso.
Ejemplo: Tunnermann Berheim, Carlos, La reforma universitaria en Córdoba (en línea) México: ANUIES, 1968 (citado el 30 de enero de 2006), (Temas de Hoy en
la Educación Superior). Disponible en Internet en http:/ www.anueis.mx/ libros98/lib6/000.htm


Son éstas algunas puntuaciones de un vasto conjunto, que posibilitan la factura de uno de los géneros académicos que permiten considerar a la escritura no como un medio para “expresar” lo que un autor ha pensado, sino como un proceso por medio de cual se descubre y transforma el conocimiento que se construye al interior de reflexiones y prácticas disciplinares. El autor es un sujeto –afirma Klein- que produce un objeto que fuera de sí mismo, le permite tomar distancia en  relación al contenido escrito para así poder observarlo y cuestionarlo.



Bibliografía

Bottinelli, M. (2003) Metodología de investigación. Buenos. Aires. Eds. del autor.
Cubo de Severino, L. (2005) Los textos de la ciencia. Buenos. Aires. Comunicarte editorial.
Ciapuscio, G. (1994) Tipos textuales. Buenos. Aires. Oficinas de publicaciones Ciclo Básico Común, Universidad de Buenos Aires. Colección enciclopedia semiológica.
Dalmagro, M. (2007) Cuando de textos científicos se trata... Córdoba, Comunicarte editorial.
Klein, I. (2006) El taller del escritor universitario. Buenos Aires, Prometeo.
Riestra, D. (2006) Usos y formas de la lengua escrita. Buenos. Aires. Eds. Novedades Educativas.
Van Dijk, T. (1989) La ciencia del texto. Barcelona, Paidós.
Vasilachis de Gialdino, I. (1992) Métodos cualitativos II. La práctica de la investigación. Buenos. Aires. Centro Editor de América Latina.


jueves, 16 de abril de 2015

BAJTIN Géneros discursivos secundarios o complejos

CLASIFICACION DE TEXTOS
Entre las muchas clasificaciones existentes, se pueden distinguir diferentes tipos de textos según qué prácticas discursivas se llevan a cabo.

Este criterio permite distinguir, por ejemplo, entre una orden militar, un anuncio publicitario, una conversación telefónica, o un sermón en la iglesia. De acuerdo con este criterio, una clasificación convencional de los textos puede ser la siguiente:

• Textos científicos: son los que producen en el contexto de la comunidad científica, con la intención de presentar o demostrar los avances producidos por la investigación. Géneros típicos de este tipo son: la Tesis doctoral, la Memoria de Licenciatura, el Artículo científico o la Monografía científica. También son textos científicos, aunque de transmisión oral, la Conferencia, la Ponencia o la Comunicación (tipo de texto)

• Textos administrativos: son aquellos que se producen como medio de comunicación entre el individuo y determinada institución, o entre instituciones, o entre las instituciones y los individuos. Se trata de textos altamente formalizados, con estructuras rígidas y que frecuentemente tienen una enunciado función performativa. Géneros administrativos típicos son: el certificado, el saludo, la instancia o el boletín oficial.

• Textos jurídicos: son los textos producidos en el proceso de administración de justicia. Aunque son un subtipo de los textos administrativos, por su importancia y sus peculiaridades los textos jurídicos suelen considerarse y estudiarse como un grupo independiente. Ejemplos de textos jurídicos son: la sentencia, el recurso o la ley.

• Textos periodísticos: todos los textos susceptibles de aparecer en el contexto de la comunicación periodística. Suelen subdividirse en "géneros informativos" (que tienen por función transmitir una determinada información al lector) y "géneros de opinión" (que valoran, comentan y enjuician las informaciones desde el punto de vista del periodista o de la publicación). Entre los primeros, los fundamentales son la noticia y el reportaje; entre los segundos, el editorial, el artículo de opinión, la crítica o la columna.

• Textos humanísticos: aunque se trata de un tipo de texto difícilmente definible, se clasifica como "textos humanísticos" a aquellos que tratan algún aspecto de las ciencias humanas: Psicología, Sociología, Antropología, etc. desde el punto de vista propio del autor, sin el nivel de formalización de los textos científicos. El género típico de este tipo es el ensayo.

• Textos literarios: son todos aquellos en los que se manifiesta la función poética, ya sea como elemento fundamental (como en la poesía) o secundario (como en determinados textos históricos o didácticos). Son géneros literarios: la poesía, la novela, el cuento o relato, el teatro y el ensayo literario (incluidos los mitos). Se clasifican en: narrativo, líricos, y dramáticos.

• Textos publicitarios: es un tipo de texto especial, cuya función es convencer al lector acerca de las cualidades de un artículo de consumo, e incitarlo al consumo de dicho artículo. Esta necesidad de atraer la atención del lector hace que el texto publicitario emplee generalmente recursos como la combinación de palabra e imagen, los juegos de palabras, los eslóganes o las tipografía llamativas. El género publicitario fundamental es el anuncio.

• Textos digitales: textos cuya aparición ha sido provocada por las nuevas tecnologías, dando lugar a textos inexistentes en el mundo analógico y que presentan sus propias características. Algunos ejemplos de estos tipos de texto son: los blogs, los SMS, los chat, las páginas web, los tweets, los microbloggings, etc.

miércoles, 15 de abril de 2015

BAJTIN - Géneros Discursivos

Este linguista ruso elabora una teoría sobre el carácter dialógico del lenguaje en un intento por fundar una linguística del habla, internándose en un objeto de estudio que el linguista Saussure no abordó. Para ello produce la noción de enunciado, limitado por su género de discurso, siempre orientado hacia un interlocutor y atravesado por valoraciones histórico-ideológicas. De esto se desprende una teoría de las relaciones humanas, para la cual es la mirada del otro la que otorga sentido a la propia existencia de un sujeto y la completa. En el diálogo, la voz de ese otro constituye a su semejante a través de la palabra propia, configurando una mirada donde el sujeto se reconoce en el otro tanto en las afinidades como en las disidencias. Bajtín plantea que el carácter dialógico del lenguaje puede ser ahogado o disimulado por un uso de carácter autoritario y monológico.


Los discursos que se producen cotidianamente en cada situación de la vida están configurados por ciertas pautas generales socialmente establecidas que forman tipos de discursos. A estos tipos generales Bajtín los denomina "géneros discursivos" definidos como conjuntos estables de enunciados que dependen de cada esfera de la actividad humana, caracterizados por una composición, estructura u orden del material discursivo, un estilo o recursos gramaticales y léxicos y un tema o contenido. En otros términos, cada esfera de la praxis produce un uso concreto de la lengua, con tipos estables de enunciados que al encadenarse entre sí, conforman la discursividad.

Bajtín clasifica a los géneros en simples o primarios, cuando se trata de comunicaciones directas, espontáneas y presenciales como las cotidianas (conversaciones familiares, diálogos de trabajo); y géneros compuestos o secundarios cuando la comunicación es indirecta, requiere de tecnología y el discurso se reelabora mediante la utilización de géneros primarios (conferencia, novela, investigación científica, medios masivos).

Este autor plantea que el signo no sólo refleja un sentido sino que refracta sentidos, es la “arena” donde transcurre el combate social entre intereses económicos y culturales. Una palabra viva no es un sonido-lugar en una estructura, un hecho de la lengua: las palabras no son neutras y sin connotación afectiva, moral o política, sino que constituyen hechos del habla, parte del torrente de la vida. Para Bajtín el signo no es una abstracción definida por una posición y diferencia asociado a un fonema, sino un hecho material, concreto e histórico.

viernes, 10 de abril de 2015

Trabajo Práctico

En el artículo "EL ENSAYO: una escritura que produce ideas" buscar en el subtítulo

"Algunas cuestiones respecto de la necesaria distinción entre saber y el pensar"

la tabla de doble entrada para completar los casilleros en blanco, luego de la lectura de ese apartado. Una vez finalizado el trabajo, pasar la tabla al papel para entregar en clase. Consultas respecto de esta actividad el próximo miércoles, o bien al mail oscarconsultas@yahoo.com.ar.

jueves, 9 de abril de 2015

El ensayo: una escritura que produce ideas.

Acerca de un modo de relación entre escritura y subjetividad



Oscar D. Amaya


Toda obra es un viaje, un trayecto,
pero que sólo recorre tal o cual camino exterior
en virtud de los caminos interiores que la componen,
que constituyen su paisaje o su concierto
Gilles Deleuze

Lo nuevo no está en lo que se dice,

sino en el acontecimiento de su retorno

Michel Foucault

 

Este género discursivo requiere que el cursante produzca una reflexión escrita en forma de prosa, caracterizada como ensayo, en términos de una interpretación acerca de las diversas temáticas abordadas con los docentes, a partir de la constitución de un punto de vista personal propio respecto de los problemas inherentes a ellas. Puesto que se trata de una producción escrita que debe ahondar en una implicación subjetiva del cursante, es preciso desplegar en primer lugar un conjunto de considerandos respecto de la posición del profesional a la hora de comenzar a producir un tipo de escritura en la que se propone en relación a problemáticas teórico-técnicas.


Algunas cuestiones respecto de la necesaria distinción entre saber y el pensar


En los ámbitos que nos incumben,
el conocimiento se da sólo como un
relámpago. El texto es como el trueno
que resuena después largamente.

Walter Benjamin


Un signo somos, indescifrado.

Hölderlin


Postulado: con frecuencia, el saber, en tanto conocimiento instituido (estructura) torna en cristalizado al pensamiento, en tanto conocimiento instituyente (acontecimiento), quebrándose de esta manera la relación dialéctica existente entre ambos fenómenos de la creación cognitiva.



Saber legitimado

Se trata de un escenario habitual: las instituciones pedagógicas transmiten conocimientos socialmente validados, en una dinámica pedagógica respecto de un objeto social legitimado, instituido por autoridades, que proceden a establecerlo en aparatos pedagógico-didácticos a cargo de docentes y profesores. La autoridad que posee un saber posee asimismo un poder, en términos de poder decir, poder ser leído, poder imponer una recepción en un espacio social. Así lo afirma Michelle Perrot: “La palabra y su circulación modelan la esfera pública aún más que el espacio material”

La dinámica epistémica es el establecimiento de certezas, significaciones determinadas (y usualmente determinantes), clausuradas en muchas ocasiones para su discusión, es decir, un lugar conceptual desde donde se producen condensaciones de conocimientos. La lógica epistémica se asemeja a la lógica del capital: quien detenta el saber desarrolla una práctica de acumulación y de posesión, en este caso, de bienes simbólicos. Esta lógica fuerza la determinación, el cierre de lo indeterminado, la absolutización de la definición de lo que se considera real y simbólico, excluyendo lo posible e incierto, designando lo necesario, en definitiva, racionalizando todo lo cognoscente. El novelista francés Marcel Proust afirma a propósito de esto: “las teorías y las escuelas, como los microbios y los glóbulos, se devoran entre sí y con su lucha aseguran la continuidad de la vida”.

Para el alumno/estudiante/cursante la relación con el saber es de un carácter específico: la ajenidad, pues se trata de un saber que circula a través de una palabra o bien neutra (que no pertenece a nadie) o, en su mayoría, de una palabra ajena, autosuficiente, hecha de los enunciados de los otros, que pertenecen a otras personas, y que se presentan como saberes necesarios, verosímiles o verdaderos. Se espera de este sujeto de la transmisión un comportamiento producto de la dinámica pedagógica: replicación eficaz del saber en tanto conocimiento instituido (conocer las respuestas), independiente de la intencionalidad de este sujeto, pero a sabiendas de su necesidad de supervivencia en la institución pedagógica de la que se trate.

La figura para estas dinámicas y lógica puede ser la estructura, es decir, un conjunto de objetivaciones, de reales instituidos, sistemas de significados que median simbólicamente fundando categorías cognoscitivas: verdadero/falso, cierto/incierto, posible/imposible, probable/improbable. La estructura constituye la cristalización de los significados y del sentido que emerge de éstos, y es por ello que la dinámica pedagógica es de carácter reproductivo: producto y condicionamiento para la repetición eficaz del producto.

Pensamiento/ el pensar

A diferencia del saber, el pensar despliega un proceso que consiste en construir una relación pensante con un fenómeno o problema. En rigor, hacemos aquí referencia a “el pensar” ya que no se designa tanto el resultado -el pensamiento- de un proceso cognitivo, sino al proceso que produce ese resultado, es decir, a el pensar. Se trata entonces de la apertura y expansión del sentido al interior de este proceso. En otras palabras, un devenir instituyente, en el sentido de un trabajo que consiste en modificar, subvertir -y de ser preciso- traicionar el saber instituido.

El pensar se erige entonces como una auto-interrogación, un atrevimiento del sujeto para consigo mismo, y por ello desencadena la producción de subjetividad, ya que habitamos los lugares en los que podemos pensar, y ese pensar funda asimismo nuevos lugares: el despliegue de una escena incierta, novedosa en la que habitar. Se trata de atravesar la experiencia de un despliegue de subjetividad, un modo en que el sujeto realiza la experiencia del sí-mismo en relación al mundo en el intento por significarlo, y por ende, significarse.

Es por ello que este proceso, el pensar, lejos de determinar significaciones dirigidas hacia su clausura, configura significaciones abiertas, es decir, una actualización de lo acontecido, de lo no-pensado, lo-no pronunciado.

La dinámica pedagógica del pensar respecto de un objeto cognoscente es la pregunta, configurada por los intervinientes en un proceso de indagación e investigación: en nuestro caso, un encuentro entre colegas cursantes de estudios de posgrado. La autoridad pedagógica no pretende detentar la palabra final, no decreta una versión autorizada, sino que se posiciona en una relación de co-pensar con los demás. Esto invierte la dinámica pedagógica del conocimiento, puesto que en tanto ésta instaura un dispositivo explicador, supone una incapacidad del sujeto para comprender por sí mismo, que requiere de quien explique. El explicador, sostiene Ranciére (2007) despliega un doble gesto inaugural: decreta, por una parte, un comienzo absoluto al partir del cual y sólo en ese momento, comenzará el acto de aprender. Arroja, por otra parte, un velo de ignorancia sobre las cosas a aprender, que él mismo se encargará de levantar.

En el pensar, por el contrario, se cancela esta asimetría de inicio, descree de un mundo dividido en espíritus “sabios” e “ignorantes”, “maduros” e “inmaduros”, “capaces” e “incapaces” o “inteligentes” y “estúpidos”. En el pensar advienen la voluntad y la inteligencia de los iguales que acuerdan en iniciar juntos una búsqueda, en develar una pregunta, una insuficiencia en el conocimiento. La tarea de pensar emancipa a los iguales, a pesar de sus distinciones sociales al interior de las instituciones, puesto que se trata de un inicio para todos, de un “dirigirse hacia” de carácter incierto.

La dinámica epistémica es el despliegue de incógnitas, de problemas abiertos, de significaciones indeterminadas, dispuestas para su discusión, es decir, se trata de la producción de lugares de dispersión. Por su parte, la lógica epistémica es la de la circulación y la orfandad de certezas en un inicio de saberes, pero que se colocan como ausentes de infalibilidad, en suspensión momentánea de respuestas. Es por ello que la relación con el saber se configura en un carácter específico: la apropiación de sentidos a través de un proceso de descubrimiento, a partir de un espacio de falta, de ausencia de conocimiento legitimado de antemano.

La figura para estas dinámicas y lógica puede ser el acontecimiento, entendido como novedad y no como repetición, aquello que se produce una sola vez en el tiempo y en el espacio: es un aquí y ahora, en una dimensión de indeterminación de carácter parcial y contingente. La fuerza del acontecimiento es su carácter de ruptura respecto de una continuidad, es la marca de lo singular, de una particularidad que irrumpe en lo universal constituido y aceptado. Este singular forja una temporalidad diferente a la de la continuidad, a la temporalidad de lo no-advertido, a la sucesión de presentes: la temporalidad del acontecimiento no es el tiempo donde las cosas son, sino aquella donde las cosas advienen, se presentan, llegan de manera inesperada para el sujeto: así se manifiesta el pensar.

El acontecimiento entonces, constituye la irrupción azarosa de un exceso que hace poner en duda los saberes constituidos y obliga a construir una nueva verdad de la situación, esto es, una nueva manera de entenderla. Es un exceso puesto que el acontecimiento, aún formando parte de una situación determinada, no puede ser explicado por los recursos (conocimientos vigentes) de la misma. Y si el conocimiento consolidado es impotente para pensar el acontecimiento, esto obliga al sujeto, por ende, a pensar más allá de sus límites.  El acontecimiento significa confrontarse con lo impensable de esa situación. Su carácter de ruptura refiere a la irrupción que produce,  pues con  ello se manifiesta una falla que resquebraja desde su interior la presunta idea englobadora y totalizante que el conocimiento predica desde una teoría omniexplicativa.

Es relevante observar que todo acontecimiento puede ser objeto de la narrativización, y es a través de ella que éste puede ser integrado a una estructura de pensamiento y a una coyuntura. La trama narrada, en tanto intento de síntesis de lo heterogéneo,  puede integrar –modificándolo- una estructura. La posibilidad de narrar el acontecimiento alude a la representación que de él se realiza. Es por ello que debe considerarse que toda representación posee una estructura bifásica: por una parte, evoca el acontecimiento ausente por mediación de otra instancia que lo sustituye y que lo representa por defecto; por otra, el representante puede ocultar la operación de sustitución del acontecimiento, apareciendo como una presencia plena y verdadera, pretensión de todo conocimiento.

No obstante, la operación que efectúa la representación consiste en construir esa presencia a partir, precisamente, de lo que la representación dice de ella, desnudando, de esta manera, el juego especular del mecanismo de la representación. Si no existiera ninguna presencia para ser representada, ésta  naufragaría;  en consecuencia, debemos presuponer esa  presencia, la cual, finalmente, no es sino aquello que la misma representación define y enmarca. ¿Cuál es nuestra presencia? Un objeto complejo de conocimiento: la ciudad, por ejemplo.

Sin embargo, el acontecimiento debe ser "representado" en su figura de eclipse; el acontecimiento surge, pero tal emergencia es al mismo tiempo su desvanecimiento parcial o total. Lo que subsistirá del acontecimiento es su nombre, es decir, lo que circulará a partir de entonces no será el acontecimiento como tal –puesto que se ha evanescido y rescindido- sino su nominación. La nominación del acontecimiento, entonces, es lo que circulará en el futuro como parte del conocimiento. La presencia nominalizada produce el riesgo de “cristalización” del acontecimiento: es donde la representación puede perder su carácter de metáfora viva, si no se sostiene una relación dialéctica entre lo que se sabe y el pensar.

Por último, pueden denominarse súbitos a los acontecimientos puesto que suscitan un viraje inesperado, contrario a la lógica de la previsión. En términos generales, la discordancia acontecimental rivaliza con la concordancia que busca el pensamiento. Los aspectos de la realidad nos muestran este fenómeno en forma cotidiana, si es que estamos dispuestos a advertirlo. Es por ello que no es a través de la categoría de verdad que las “verdades” del conocimiento son producidas: éstas son posibles a través de mecanismos singulares que ocurren a partir de los  acontecimientos. 

Las  verdades (lo que sucede, lo que transcurre en el pensar, aquello que se comprende) van de la mano del pensar y “lo verdadero comulga con el conocimiento. La potencia de las verdades abre el camino de nuevas configuraciones en el  conocimiento. Esto quiere decir que todo saber real, instituido, plasmado, debería reconocer (frecuentemente se olvida o se lo niega) como  punto de partida de su posibilidad, una ruptura, un "imposible". No obstante, este nuevo conocimiento que logra instituirse, por  más coherente  y totalizador que se muestre, nunca podrá abolir el pensar: ese azar, esa contingencia que está en la "matriz" de todo conocimiento.

Es posible esquematizar en el siguiente cuadro -con los riesgos de simplificación que esto acarrea- algunas de las cuestiones hasta aquí desarrolladas:


criterios
SABER
PENSAR
dinámica pedagógica


dinámica epistémica


lógica epistémica


relación con el saber


figuras












Un pasaje posible desde el saber a un pensar, lo constituye la escritura, ya que ésta “promueve procesos de objetivación y distanciamiento respecto del propio discurso, que al materializarse y fijarse, permite una recepción diferida, en la que el escritor evalúa su propio texto desde una perspectiva más próxima a la de un lector externo. Ese descentramiento permite la revisión crítica de las propias ideas y su transformación”, plantean Alvarado y Cortés (2008). En otras palabras, se trata de asumir una tarea intelectual en términos de metacognición: una toma de conciencia de los propios recursos cognitivos y discursivos, a fin de maximizarlos en función de las complejidades propias de una práctica especializada. Una manera de “hacer inteligibles las condiciones del pensar” (Cohen, 1998) así como los modos de producción escrita.

Es por todo lo antedicho que afirmamos que la producción de un pensar acerca del sentido de una práctica, como afirma Sandra Carli, implica operar exogámicamente, sin la mirada paternalista de un saber, haciéndolo a partir de distintos regímenes de significación de su objeto de conocimiento. Para ello, debemos asumir el abordaje de la experiencia en la contemporaneidad de lo que hoy se configura como objeto de conocimiento, así como asumir que el espacio de intervención se constituye en un lugar de cruce y tensión de distintas temporalidades. Un pensar la experiencia en términos de explorar los distintos registros que la constituyen:

-el registro de la experiencia profesional,
- el registro del pensar,
- el registro del lenguaje que los exprese


La escritura del ensayo: una caracterización del proceso del pensar en el acto de una práctica escrituraria como autoría.

Para mí, la máxima claridad en la expresión
es una cuestión de ética, de respeto hacia aquel
a quien me dirijo: es el modo en que lo coloco
en el mismo plano que yo, que le permito
responder y por lo tanto convertirse en sujeto
de la palabra con el mismo derecho que yo
T. Todorov

La enciclopedia define al ensayo como un escrito breve sobre una materia. El acto de llevarlo a cabo, el ensayar remite a probar, reconocer algo antes de usarlo. (¿sentir un sabor? ¿sentir que se sabe?) Respecto del término probar, remite a “hacer una cosa para ejecutarla mejor después”. Otra definición de este género afirma que se trata de una “literatura de ideas". Resulta pertinente entonces, formular la siguiente pregunta: ¿qué se ensaya en un ensayo? Quizás saber lo que se piensa acerca de algo: la búsqueda de un planteamiento personal por parte del cursante, de carácter creativo y con la utilización de recursos expresivos pertinentes al género.

El ensayo se encuentra en la frontera de dos dimensiones: la de la exposición-argumentación y la de la literatura, y hace excursiones de la una a la otra. No se escribe un ensayo para dar conocer datos bibliográficos o formulaciones ya dichas (decir el conocimiento), sino para ofrecer reflexiones e implicaciones personales del ensayista a propósito de éstas (transformar el conocimiento).

Ante los temas propuestos por el ensayista, éste debe poder organizarse para insinuar un pensar personal o una interpretación que crea novedosa, o bien para proponer una reevaluación de sus conocimientos a partir de una interpretación, una experiencia o un posicionamiento desde su identidad profesional. Una vez abierta la brecha y tendido el puente de sus interpretaciones, el ensayista, como creador, puede dejar a colegas noveles o experimentados el establecer la legitimidad de lo propuesto, sin renunciar él mismo a continuarlo en otra ocasión.

Es por ello que el ensayo no se define únicamente por el objeto de conocimiento sobre el cual se escribe, sino por  la actitud del escritor ante este objeto, actitud que puede tomar la forma de una hipótesis, una aproximación, o una idea que se ensaya. Se trata de un género de escritura producto de meditaciones y reflexiones que no se expanden ni culminan sino a través del acto de escribir: lo esencial es su sentido de exploración, su audacia y originalidad, es decir, una escritura como acción y efecto de la aventura del pensamiento.

Dentro de los diversos tipos de ensayo existentes, uno corresponde al ensayo crítico. Una de las fronteras entre ciencia y literatura se encuentra en el ensayo: se lo ha llamado género "literario-científico o disciplinar" porque parte del razonamiento desde un campo disciplinar y de la imaginación creativa. La creación científica arraiga, como la literaria, en la capacidad imaginativa, ésta no se puede ignorar totalmente; sin embargo no se aparta de la naturaleza del objeto de conocimiento que se está indagando. El ensayo comparte con el  pensamiento y la investigación científica uno de sus propósitos esenciales: la exploración a fondo de su objeto de investigación, el aproximarse a la "naturaleza" de los fenómenos considerados. Y comparte con el creación estética (búsqueda de una forma) la originalidad, la intensidad y la belleza expresiva, emanadas del trabajo inherente a esta búsqueda.

Según la intención comunicativa del autor, los ensayos se pueden clasificar en expositivos, argumentativos, críticos o literarios:

El ensayo expositivo, como su nombre lo indica, expone ideas sobre un tema, presentando información alrededor del mismo y matizando esta información con las interpretaciones del autor y opiniones personales pertinentes alrededor del tema en cuestión.
El ensayo argumentativo tiene como propósito defender una tesis con argumentos que pueden basarse en citas o referencias, datos concretos de experiencias investigativas, alusiones a modelos teóricos o fundamentos epistemológicos, por ejemplo.
El ensayo crítico caracteriza y analiza un hecho, fenómeno, obra o situación, emitiendo juicios o interpretaciones ponderadas por el autor. El ensayo literario expresa la sensibilidad de su autor, utilizando el lenguaje poético.

Se sugiere que el cursante explore no una, sino varias intenciones comunicativas: que pueda exponer ciertos aspectos de su especialidad, o de la escritura de la práctica, pero que logre adoptar una posición personal en torno a estas temáticas.

 

 

Partes de un ensayo

Si bien se trata de un género no fuertemente estructurado, se sugiere en las primeras experiencias de escritura observar los siguientes pasos, característicos de otros géneros como la monografía o el informe bibliográfico, entre otros. Aunque cabe una salvedad importante: en el ensayo el proceso no necesariamente se refleja en el producto. Es decir, la escritura comienza por un lugar incierto, no necesariamente decidido por el ensayista. A menudo la introducción es lo último que se escribe, y no resulta poco frecuente formular en primer término algo del orden de la conclusión.

Introducción o planteamiento: Es una de las partes fundamentales del ensayo, pues intenta poder situar al lector acerca de los propósitos que llevará a cabo el cursante a través de su escritura. Se puede llevar a cabo a partir de una opinión, una pregunta, de una hipótesis o una narración metafórica o biográfica.

Desarrollo: tiene que ver con el proceso expositivo, argumentativo y/o deliberativo de las ideas principales, secundarias y periféricas, las cuales, acompañadas de citas, ejemplos, pruebas y/o registros, lograrán sustentar los propósitos principales del ensayo.

Conclusión: sintetiza la tesis o las ideas centrales del ensayo, los contenidos desarrollados y elementos de juicio de valoración sobre el trabajo de interpretación realizado y su proceso de elaboración, señalando alcances y limitaciones. Se sugiere la posibilidad de producir implicaciones acerca de lo llevado a cabo o el intento de elaborar nuevos interrogantes.


Estilo

En el ensayo no hay en realidad un estilo definido, sino muchos, según el carácter del autor. Por eso es complejo de lograr, ya que se trata de plasmar una voz personal, construir desde la propia subjetividad el sentido de autoría, que en el ensayo se constituye en su enunciación. El autor habla por su voz, pero otras voces “institucionales” pugnan por anunciarse, ello torna al ensayo como una polifonía del discurso, un hilado de voces en el que el autor no debe perder la suya, para permitir la presentación de su pensamiento a través de la escritura ensayística.

El delineamiento de un estilo debe, sin embargo, intentar alcanzar una condición esencial de toda producción escrita: la claridad de expresión y transparencia que permita al lector una mayor comprensión de la autenticidad del pensamiento plasmado por el  autor como ensayista. El autor debe ensayar un rasgo de carácter lúdico, es decir, constituirse en un todo agradable, pausado, atractivo, y libertario. De esta forma, el ensayo podrá interesar al lector.

Un buen ensayo, con relación a las reglas estilísticas, debe alcanzar:

Concisión y claridad: todo ensayo se encuentra delimitado y jerarquizado en sus componentes y en sus contenidos. Es necesario clasificar y trabajar las dominaciones jerárquicas del texto para que sea claro y preciso. Por otra parte, si existen muchas ideas, el texto se vuelve confuso; el ensayo debe ser claro para que el pensamiento del que escribe, penetre sin gran esfuerzo en la mente del lector.

Precisión: Es necesario utilizar términos precisos y no ambiguos. Muchos escritores nóveles creen que utilizando palabras técnicas rebuscadas o sinónimos solucionan este problema, olvidando que éstos no poseen igual significado, pues dependen del contexto y la disciplina científica de la que se trate.

 Coherencia: La dirección y la unidad se encuentran determinados en gran medida por la articulación lógica que se le otorgue a las oraciones y a los párrafos. El ensayo debe tener como mínimo dos planos básicos; el plano del contenido y el de su expresión lingüística: los conceptos a través de sintagmas, las proposiciones por oraciones, los subtemas por párrafos y los temas por parágrafos anunciados por subtítulos.

Consistencia: Un ensayo adquiere consistencia en su cuerpo cuando al presentar las exposiciones o argumentaciones, no admite contradicciones internas entre sus partes constituyentes, originando de esta forma que el texto sea fluído, claro y preciso.

Sustento: en los ensayos de corte argumentativo, las hipótesis y tesis principales deben ser desarrolladas con profundidad en sus argumentos, a diferencia del ensayo expositivo, que es de carácter esquemático, pues solo describe con evidencias simples que muchas veces no requieren de procesos de confrontación teórica o de demostraciones experimentales.

 

Finalidad


El ensayo debe actuar a la manera de un motor de reflexión, generador de dudas y de interrogantes, constituirse en un procedimiento productor de ideas nuevas. El ensayo se constituyó como un intento destinado a diluir los designios de las lógicas aristotélicas, para en cambio introducir al ensayista al mundo de la lógica borrosa, donde no sólo pueda hablarse de una verdad o una falsedad, sino de una posibilidad, una incertidumbre o una pregunta.

Con las respuestas a veces se corre el riesgo de clausurar una indagación, por eso es importante ejercer la disciplina de dejar de reaccionar, de responder conceptualmente o con creencias, frente a la angustia que despierta lo incierto en un interrogante. La pregunta produce desasosiego, suspensión, interpela a la búsqueda y no requiere apaciguar prontamente la incertidumbre, sino transitarla.

Esta manera de afrontar la pregunta sin silenciarla con respuestas, característica del género ensayo, permite sentir la ignorancia, soportar el no saber y aprender el significado instituyente que hay en ese sentir, que habla del misterio del desconocer y de preguntarse por lo desconocido, inherente a la condición humana, y constituye una manera que permite sentir el abandono que esto produce, abandono que no se resuelve con racionalizaciones, con respuestas cabales o tranquilizadoras.

Esta experiencia de escritura, propone aventurarse en una hipótesis: producir una escritura ensayística como una manera de recuperar la capacidad de curiosidad y asombro que alguna vez, en un pasado -remoto en ocasiones- toda persona supimos desarrollar en su pasado. La adultez cancela muchas veces la osadía que posee la infancia. Los niños en cambio, se atreven a quedar en la intemperie, a soportar los enigmas impuestos por una realidad que, rompiendo su cascarón de docilidad aparente, se planta ante ellos revulsiva, irreductible, misteriosa y desafiante. La infancia emerge como un momento vital que asume la responsabilidad de preguntar. El ensayo, como escritura implicada subjetivamente, puede proponerse recuperar esa potencia.

Sin embargo, para escribir un buen ensayo, no solo se requieren ideas, preguntas, búsquedas, sino una alta dosis de lectura pertinente, para poder escribir al respecto. La inspiración para el ensayo no surge de la nada, surge de la experiencia lectora y escritora que se tenga.

En síntesis, un buen ensayo, es como una buena pintura: las frases al igual que los colores, se deben combinar de una forma pertinente. La armonía resultante de esta mezcla es el gran secreto de los ensayistas; pero no basta con que las ideas de un ensayo sean armoniosas, deben ser además como los elementos de un cuadro, es decir, vivos y estéticos, para que puedan mostrar las reflexiones o las tesis confrontadas de una forma cautivante y atrayente.


¿De dónde viene ese afán de preguntar, esa gran dignidad que se concede a  
la pregunta? Preguntar es buscar, y buscar es buscar radicalmente, ir al fondo, sondear,  trabajar el fondo y, en última instancia, arrancar. Ese arrancamiento
que contiene la raíz es la labor de la pregunta. (...) Freud dice, más o menos,
que todas las preguntas que hacen los niños a diestra y siniestra, les sirven de sustitutos de la que no hacen, esto es, la pregunta del origen. Asimismo, nos interrogamos sobre todo, con el fin de mantener en movimiento la pasión de la pregunta (...) Interrogar, entonces, consiste  en ponerse en la imposibilidad de preguntar por medio de preguntas parciales. (...) La pregunta es el deseo del pensamiento. (...) es el llamado a saltar, que no se deja retener en un resultado.
M. Blanchot




Bibliografía consultada

Alvarado, M.; Cortés, M. (2008) “La escritura en la Universidad. Repetir o transformar”, En: Cano et als. (2008) Ensayo y error. “El ensayo en el taller de escritura. Buenos Aires, eudeba
Bajtín, Mijail. (1995) Estética de la creación verbal. México, Siglo XXI.
Bourdieu, P. ¿Qué significa hablar?
Carli, S. Educación, política y subjetividad, en: Frigerio, G.; Diker, G. Educar: ese acto político. Del estante editorial, Bs. As.
Cohen, E. (1998) “Genealogía del concepto de subjetividad”, en Percia, M. (1998) Ensayo y subjetividad. Buenos Aires, EUDEBA.
Crespi, Franco. (1997) Acontecimiento y estructura. Buenos Aires, Nueva Visión.
Ranciére, Jacques (2007) El maestro ignorante. Buenos Aires, Libros del Zorzal.
Ricoeur, Paul. (2004) La memoria, la historia, el olvido, FCE.
Ricoeur, Paul. (1999) Tiempo y narración, Vol. I y III, Madrid, Siglo XXI.